SUBASTA POLÍTICA
Rodolfo Hernández Velázquez
NARCOGOBIERNO
Gerardo Ruiz Mateos es sin duda un tipo con suerte. Por lo menos hasta ahora. Así lo demuestra su incursión en las vidas tanto de la iniciativa privada como del sector público de este país.
Conocí a Ruiz Mateos durante un Congreso de USEM, Unión Social de Empresarios de México, una agrupación de hombres de negocios que se ha significado por su corte derechista pero también por su gran vocación de ayuda social. Son quizá el grupo más importante de empresarios que impulsan los principios de la Responsabilidad Social Empresarial. Dicho Congreso tuvo lugar en Morelia hace prácticamente un año, y Ruiz Mateos asistió como representante personal del Presidente Calderón para inaugurarlo. Mi impresión, como la de una gran parte de los asistentes, no fue buena. Escuchamos a un hombre petulante y arrogante, embriagado de influencia. Incluso desairó a personas del comité organizador que pretendieron tenerle atenciones.
Mucha gente desconoce que el padre del Presidente Calderón, Don Luis Calderón, fue Gerente de USEM en Morelia, a principios de los años 60’s. El propio Ruiz Mateos fue Presidente de USEM nacional, lo que lo hacía el representante ideal para inaugurar aquel acto.
Para ese entonces, Ruiz Mateos todavía no era designado como Secretario de Economía del gabinete federal. Trabajaba en la Oficina de la Presidencia, de la cual se hizo titular (aunque ya laboraba en ella como Coordinador de Gabinetes) una vez que Juan Camilo Mouriño fue nombrado Secretario de Gobernación.
La liga de Ruiz Mateos con el Presidente Calderón es (o por lo menos era) muy estrecha. Tan cercana como puede ser la de una persona que ayuda a recaudar dinero para que otra pueda hacer campaña proselitista. Como coordinador de administración y finanzas de la campaña del entonces candidato Felipe Calderón, ayudó a que muchos acaudalados hombres de negocios, con quienes tuvo trato y acceso durante su actuación en USEM, aportaran fuertes sumas de dinero. El propio Ruiz Mateos aportó en su momento una cantidad cercana a los 215 mil pesos. Pero recaudar dinero no era una tarea desconocida para Gerardo Ruiz. Ya había sido parte del comité de recaudación de la campaña de Vicente Fox, bajo la tutela de Lino Korrodi.
Las líneas anteriores pretenden mostrar al actual Secretario de Economía como un hombre de realmente poca experiencia política. Sin embargo, lo que extraña es su falta de sensatez. Sus declaraciones en París relacionadas con el actual combate al narcotráfico y su firme aseveración de que de no ser por esas acciones el próximo Presidente de México sería un narcotraficante, son absurdas, grotescas y torpes.
Estoy de acuerdo en que el narcotráfico y sus capos han estado (por lo menos desde hace 25 años) involucrados en la política. A su antojo, en varias regiones del país, han apoyado hasta por tradición a diversos personajes de la vida pública de este país. El cobijo del manto oficial siempre es la mejor garantía para mantener operaciones eficientes.
Sin embargo Ruiz Mateos olvida que para estos personajes lo que menos importa es la aparición pública, están extraordinariamente entretenidos en mantener el control de sus territorios y actividades como para pensar en ser quienes dirigen los destinos del país. Habrá sus excepciones, pero nunca con suficientes ni reales posibilidades de hacerse del poder.
En el fondo lo que Ruiz Mateos no alcanza a conceptualizar, es que su sola afirmación es una afrenta y un mayúsculo insulto a la sociedad mexicana, que con todo y su extraña forma de idealizar a algunas figuras del narcotráfico, está muy lejos de permitir su llegada a la Presidencia de la República. Que el solo hecho de que algún narcotraficante pueda llegar a ser candidato es inconcebible, tendríamos qué vivir en la ignominia absoluta como sociedad.
Olvida también que su afirmación denota que no comprende que pese a todo, los mexicanos seguimos castigando a los malos y premiando a los buenos. Basta con que observe las numerosas muestras de afecto y respaldo de la gente al Ejército Mexicano cuando circula un convoy castrense por las calles de esta nación. Palabras fáciles soltadas sin razón. Qué vergüenza.
De remate
Antonio García Conejo es el claro ejemplo de una clase política retrógrada. Con un estilo digno de un gángster, violó un acuerdo formal, aunque no escrito, que las diferentes fracciones del Congreso habían establecido para el Informe del Gobernador Godoy. Políticos como él desperdician las oportunidades de alcanzar grandes alturas y prefieren mantenerse en el pantano político. Otra vergüenza.
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