Isaac M. Reyes Maza / Quadratín
TZINTZUNTZAN, Mich., 2 de noviembre de 2008.- El pueblo purépecha recordó a sus muertos en las ceremonias del uno al dos de noviembre donde, como cada año se siente la esencia del Dios Kurikaveri acompañando las almas que llegan al umbral del inframundo para visitar a sus seres queridos.
Las tumbas en los panteones de Tzintzuntzan, Tzurumútaro, Erongarícuaro, entre otros de la rivera del Lago de Pátzcuaro, fueron adornadas con la tradicional ofrenda como el pan de muerto que representa a los guerreros, la sal que simboliza la madre tierra, el copal para purificar el alma, el agua para saciar su sed, las frutas y alimentos preferidos del difunto, todo en un colorido entorno que le dan los ramos de cempasúchitl y las veladoras.
La ancestral ceremonia que se remonta a épocas prehispánicas, El significado de esta ofrenda representa la puerta de entrada del inframundo al mundo, por donde pasan nuestros difuntos.
Fuego: representa al dios Purépecha, Kurikaveri.
Pan de muerto: representan los nombres purépechas.
Sal: representa la purificación del alma.
Copal: para purificar el alma.
Fruta: es la fruta preferida del difunto.
En la ofrenda se representan los cuatro dioses purépechas; agua, tierra, aire y fuego.
La concentración de visitantes se registró desde el medio día del primero de noviembre, como se ha vuelto costumbre en Pátzcuaro, donde el gobernador del estado, Leonel Godoy Rangel, acompañado por funcionarios estatales, entregó los premios a los triunfadores del concurso de artesanías.
La Plaza Grande, como los naturales de Pátzcuaro denominan a la plaza Vasco de Quiroga, lució en todo su esplendor albergando a los artesanos purépecha, mientras los cafés y restaurantes de los portales, sin olvidar a los vendedores de la famosa ‘nieve de Pátzcuaro’, atendían a los miles de turistas que arribaron al lugar para iniciar el clásico recorrido por la región lacustre.
Otros, directamente llegaron al embarcadero para abordar una de las lanchas que realizan el recorrido turístico hacia la isla de Janitzio.
Los jóvenes purépechas de las islas, decoraron el pórtico del embarcadero con arreglos florales en los que predominó la tradicional flor de muerto (cempasúchitl), y a los pocos metros
la ofrenda.
En esta ocasión, los mismos jóvenes purépechas, de manera rústica sobre cartulina fueron tajantes en su observación a los jóvenes visitantes: “Esta no es una noche mexicana, no es una noche de halloween. Si van a la isla a tomar, drogarse o hacer su desmadre, ¡jóvenes, mejor háganos un favor: no vayan! Respeten nuestras tradiciones”.
El mismo embarcadero sirvió de escenario para los músicos y artistas que deleitaron a los asistentes con danzas y músicas autóctonas.
El centro neurálgico de las visitas fueron los panteones de Tzintzuntzan, Tzurumútaro, Erongarícuaro y demás aldeas ribereñas, donde las familias indígenas pernoctaron junto a la tumba de su ser querido, respetando la ancestral tradición.