Ante la ausencia casi total de obra pública y de resultados concretos en los programas que supuestamente tienden al combate a la delincuencia y a la inseguridad pública, el gobierno del estado -inteligentemente, hay que reconocerlo- ha comenzado a enfocar sus baterías en tres proyectos con alto impacto mediático, pero punto menos que imposible de materializarse.
Se trata de la construcción de la refinería que anunció días atrás el presidente Felipe Calderón, la venta de la isla La Palma frente al puerto de Lázaro Cárdenas, y la creación de un Centro de Rehabilitación Integral Teletón.
En sí mismos, cada uno de estos proyectos podría tener aristas positivas, pero analizados uno a uno no puede llegarse sino a la conclusión de su inviabilidad:
Es fuera de toda realidad, la posibilidad de que la refinería vaya a construirse en territorio michoacano, concretamente en el puerto cardenense. La razón en tan sencilla como contundente: costaría más del doble construirla aquí que en casi cualquier otra ciudad de las ocho o nueve que tiene contempladas el gobierno federal, vía Pemex.
Los argumentos que esgrime el gobierno de Leonel Godoy son valederos, porque no consideran el factor presupuestal. Habla, y tiene razón, del plus que significa la ubicación estratégica del puerto michoacano, pensando no sólo a corto plazo para que de ahí se distribuyan los derivados petroleros al centro y noroeste del país, sino como puerta de salida para exportaciones a China y demás regiones del pujante lejano oriente. Huelga aclarar los beneficios económicos que a la región traería la construcción y funcionamiento de una refinería, en cuanto a generación de empleo temporal y permanente y la circulación de efectivo que sin duda reactivaría la zona. Pero salvo el rubro de la ubicación geográfica, los otros factores no son exclusivos del puerto, porque los beneficios son para cualquier otra parte del país, empobrecido todo él. Resta por considerar, y esto no puede soslayarse, los riesgos que a la salud de las personas que cohabitan con una refinería.
Por eso, más allá de consideraciones de orden técnico, el gran obstáculo es el dinero, o mejor dicho, la escasez del mismo. De las nueve ciudades contempladas por Pemex, Lázaro Cárdenas significa la segunda inversión más alta. El dato es demoledor: una refinería en el puerto michoacano costaría 1,600 millones de dólares y en Tuxpan, Veracruz, 640. Es decir, hacerlo en Michoacán obligaría a gastar unos mil millones de dólares más, ¡trece mil millones de pesos! Para ser realistas, la única posibilidad de que Michoacán gane en esta puja por la refinería, radica en que el presidente Calderón incline la balanza a favor de su estado natal, pero sólo por ser eso, y para ser francos resultaría altamente criticable que por meras razones de amor al terruño, el presidente autorizara destinar el doble de recursos que si se decide por cualquier otro sitio. Empero, uno supone que un presidente tiene una macro visión, que ve por los intereses de un país, no de su estado natal. La refinería, pues, es técnica y presupuestalmente inviable en tierras purépechas.
Luego, el gobierno estatal ha venido insistiendo –mucho más de la cuenta, me parece- en que el Congreso le autorice a donar la isla de La Palma a un fideicomiso, también gubernamental, para que éste a su vez le venda a la empresa ferroviaria Kansas City, la odiada por todos los morelianos, e instale ahí infraestructura propia de su actividad.
El proyecto enfrenta varios obstáculos y asuntos por definir: primero, no queda bien claro si un gobierno estatal está facultado por la Constitución nacional para ceder, rentar o vender una isla; segundo, nadie entiende qué beneficios traería al puerto y sus habitantes la construcción de infraestructura ferroviaria ahí; tercero, ¿es venta, donación, préstamo o renta lo que pretende hacer el gobierno? y, desde luego, a cambio de qué, ¿qué beneficios le generaría al propio gobierno? Y por si fuera poco, ni siquiera se cuenta con un estudio de impacto ambiental, es decir, nadie se ha tomado la molestia de medir qué consecuencias traería el proyecto en el entorno ecológico. Sólo un diputado por ahí, Librado Martínez, ha puesto el dedo en la llaga, al advertir que especies animales y vegetales estaría destinadas a la desaparición en la zona.
Como se ve, el proyecto gubernamental no parece tampoco tener la menor viabilidad. Y como en términos lógicos no la tiene, ya comenzó el cabildeo con los diputados, hasta ahora renuentes a aprobarle dicho proyecto. El asunto es que en Michoacán, cabildeo significa, casi obligadamente, compra de votos. Así, literalmente, compra de votos, es decir, el inusitado interés gubernamental por ceder, en los términos que sea, la isla a la Kansas, le está llevando a intensificar la nego$ia$ión con los diputados, los más de los cuales se dejan querer, se hacen del rogar, se ponen difíciles, pero a la hora de la hora suelen ceder, en aras, claro, del bien supremo del estado. No consta que los actuales diputados sean corruptos, porque apenas serán puestos a prueba, pero no podemos alentar muchas esperanzas de que sean diferentes a sus antecesores, que de cabildeo$ con el desgobierno de Lázaro Cárdenas Batel, supieron y mucho –verificentros, elecciones ocurrentes, contratación de deuda, bursatilización, etc, etc, etc….
Y el tercer gran proyecto, de reciente creación, es el del Teletón. Supuestamente ideado por diputados de la bancada perredista, el gobierno ha cifrado también enormes expectativas en él. Como se sabe, Televisa viene organizando desde hace algunos años los famosos teletones, en los que recaba recursos para la construcción de centros de atención a niños con problemas de discapacidad. Loable labor, visto así, a vuelo de pájaro. El problema es que al conocer los entretelones de la mecánica de esos eventos, la cosa no parece ya tan clara. Los centros son construidos con aportaciones de particulares y de gobiernos a Televisa, y para su mantenimiento los gobiernos de los estados sede se comprometen a depositar una fianza de más de ochenta millones de pesos y anualmente entregar treinta más. Eso sin contar con la posibilidad, bastante sólida, de que hasta para deducir impuestos le sirvan a Televisa esas aportaciones al Teletón.
Pero con todo y eso, Televisa maneja de tal manera esos lugares, que obliga a los gobernadores a pelear por que en sus estados se construya uno de ellos. Imagen y buena relación con Televisa, son los dos factores que inciden para que, en efecto, los gobernadores supliquen por que la televisora les haga el favor de construir un centro en sus demarcaciones. Total, los recursos de alguna parte del presupuesto se sacarán.
Pero habrá que recordar que ya el gobierno del estado maneja en Morelia un Centro de Rehabilitación y Educación Especial. Lo hace de manera bastante limitada, justamente por la falta de recursos para su adecuado equipamiento y funcionamiento. Si el interés gubernamental es contar con un espacio para una atención digna, oportuna y de calidad para los niños que requieran ese tratamiento especial, porqué no canalizar los más de ciento diez millones de pesos que, de construirse un centro Teletón aquí tendría que canalizar como fianza y primera anualidad, al CREE que ya opera. Claro, el impacto mediático y político no sería el mismo.
Son, pues, tres proyectos de gran envergadura en los que el gobierno estatal tiene puesta la mira. Pero si son inviables, como el de la refinería, cuestionables jurídica y ecológicamente como el de La Palma, e injustamente onerosos como el del Teletón, ¿porqué los tiene como prioritarios?
Me parece que es una medida inteligente del gobierno. Difícilmente hay algo hoy día en lo que pueda descansar su informe de resultado, próximo a cumplir el primer año de gestión. La inseguridad, el narcotráfico, las extorsiones y el secuestro están desatados en Michoacán; no hay prácticamente nada que escribir a casa en materia de obra pública; la educación se encuentra en sus niveles más bajos y el gobierno, en los hechos, ha entregado su rectoría al magisterio disidente; la economía michoacana decrece alarmantemente; el turismo y el asentamiento de industrias van a la baja y, en general, los índices de bienestar están en caída libre.
La apuesta del gobierno es interesante y, repito, inteligente: pugna por esos tres proyectos porque gana de cualquier manera y con cualquiera que sea el resultado. Por ahora, mantiene vigente en los medios el escenario de la lucha por la refinería, La Palma y el Teletón. Se muestra empeñoso y tiende una cortina de humo ante los gravísimos problemas que aquejan a la entidad. En caso de que uno o todos no se cristalicen, siempre tendrá la salida de que el intento se hizo pero no estuvo en sus manos la concreción. Y en el mejor de los escenarios, de cristalizarse los tres proyectos, se generaría una inusitada actividad de obra pública en el estado y lo mejor, casi toda –salvo el caso del Teletón- con dinero ajeno. El gobierno plantea un escenario ideal para inicios de 2009: miles de hombres construyendo la refinería en el puerto, ahí mismo otros miles en la infraestructura ferroviaria de Kansas y otros tantos en Morelia en la construcción del centro Teletón. Nadie podría cuestionar que en Michoacán no hay obra pública y, repito, con dinero federal y privado. Mejor imagen de dinamismo de obra para las elecciones federales del próximo año, imposible.
Por eso, aunque está conciente de la inviabilidad de los tres proyectos, el gobierno echa toda la carne al asador en ellos. Quien quita y en una de esas, hasta se cristalicen. Inteligente la medida, sí es. Es cuanto.